Carnaval Ranueco, relato desde la resca emocional

Pasan los años, y no son pocos, y no consigo quitarme esta sensación, o cuando menos vivir de una manera más relajada la resaca emocional.

Al día siguiente, siempre, no puedo leer ni responder mensajes. Necesito coger distancia, parar y respirar profundo muchas, muchas veces. Lo vivido es de tanta intensidad, y desde una posición tan desde dentro y tan distante al mismo tiempo, que me resulta muy complicado gestionarlo.

Como siempre, solo puedo decir: ¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!.

El día comenzaba muy pronto, sobre las 4:30 de la mañana. Había que imprimir tickets de comida, repasar sonido de la biblioteca, conexiones, carpa, cañones de calor, … A las 8:00 ya estaba agotado, pero con la energía que transmite el equipazo que ya estaba echando una mano, como siempre, era más que suficiente para poder seguir.

Después conectábamos con La Cadiera; empezaban a llegar invitados, amigos, visitantes e íbamos entrando en calor.

El taller de mascaretas siempre es una forma genial de comenzar. Nos reímos, calentamos motores y se consigue que cualquier persona pueda participar de forma activa en la jornada completa de Carnaval.

La presentación del Carnaval de Los #Pintanos fue genial. ¡Cuántas ganas y cuánta pasión por construir un relato que anime a participar y colaborar! ¡Grandes, muy grandes!

Por supuesto, la colaboración de Boira Ligallo Zinco Billas es un lujo cada año. Todo empezó con ellos, cuando nos contaron el trabajo de años de recopilación de memoria oral, un taller para realizar los trajes y un guante lanzado para que intentáramos recoger el testigo de esta celebración popular. Aquí es donde comenzó el trabajo más bello de todos estos años: hablar con nuestros mayores para ir sacando píldoras de información que después había que unir como si de un puzle se tratara; el ensabanao con sus sogas, el muerto, el anís quemado lanzado por las calles, los cuernos de choto… pero, sobre todo, las ganas de incordiar y pasarlo bien siendo absolutamente irreverentes.

Con todo esto comenzamos hace 4 años. Con esto y con la convicción de que la cultura, la propia, la de cada municipio, es un arma muy poderosa para generar arraigo y orgullo; que transforma la realidad, que nos transforma por dentro para ser nuevas versiones de lo que siempre fuimos: comunidades únicas. Y comunidad no significa tan solo grupo de vecinos; significa convivencia, apoyo, unión, sumar a quien llega y hacerle sentir parte de nosotros. Y este, creo, es el espíritu que conseguimos cada día, pero que se hace mucho más patente en las celebraciones, en el Carnaval Ranueco. Porque lo que celebramos no es solo una fiesta, es quiénes somos.

Mil gracias a todos los que habéis colaborado para que este sea un fin de semana tan especial; a la Banda de Gaitas de Boto Aragonesas sois geniales (mil gracias Yolanda Muñoz Cortés y Panadería Julio Y Yolanda, tenéis un corazón que no os cabe en el pecho), RedOnsella gracias Cristina Clemente Samitier por tu esfuerzo, siempre sonriendo, Hostal Urries un día de 10 desde el principio hasta el final, a vecinos, amigos (gracias Isabel LasobrasMaria LongasFrancho MarcénIsabel Guitart Alcubierre, Dabi ChesusPilar MA, Sara Abadía, Elena Berdascas, Cecilio Hernandez, Alberto ….) y tantos visitantes, vecinos del valle y gentes que vinisteis a colaborar; Antonio Villa, Alberto Arelizalde ….

Pero, sobre todo, mil gracias a ese núcleo que sois el esfuerzo, el apoyo y el cariño hecho realidad; Susana OliverPauli Jv, Carmen VispoPilianagil PilianagilLuz Iluminada, Héctor Orduna Artieda, Noelia Revilla Sánchez, Ricardo Bullón Andreu, Pedro, Marijose, Antonio Urries … Os quiero una barbaridad.

La descripción de la ronda no puedo narrarla demasiado bien. Sé que fue maravilloso ver a los gaiteros y bailarinas por las calles, con la gente disfrutando. Que fue emocionante ver cómo se paraban en las casas y dedicaban sus canciones a Mari Artieda o Sixto, pero no puedo contar mucho más. Son momentos en los que estás más pendiente de si hace falta algo que de disfrutar. Se disfruta a través de los relatos de los días siguientes, cuando ves las fotos, cuando lees cómo lo ha vivido cada uno o cuando te dan las gracias tantas veces por momentos de felicidad.

Así que aún estoy en esa fase de resaca emocional que os contaba, pero me parecía importante comenzar ya hoy a agradeceros todo lo que aportáis a algo que va mucho más allá de un día festivo en Urriés: a una forma de entender el pasado, el presente y, sobre todo, el futuro de nuestra tierra.

Seguimos, esto no ha hecho más que empezar

El carnaval vuelve a latir

Hay fiestas que no se inventan, se recuerdan.

El carnaval tradicional de Urriés no nace de un calendario, sino de la memoria. De aquello que durante décadas quedó en silencio, pero nunca del todo olvidado. Volver a sacarlo a la calle es un acto de cariño, de valentía y de identidad compartida. Es decirle al pueblo y a quienes vendrán después, que aquí hubo vida, risa, transgresión y sobre todo comunidad.

Este año, el carnaval se hace todavía más grande porque no camina solo. Los Pintanos llegan como pueblo invitado, con su propio proceso de recuperación, con el mismo empeño por rescatar tradiciones que estuvieron a punto de desaparecer. Dos pueblos pequeños, dos historias paralelas, encontrándose no para exhibirse, sino para reconocerse. Porque recuperar una tradición no es mirar al pasado con nostalgia, es traerlo al presente para que vuelva a tener sentido.

Y cuando empiece a sonar la música, Urriés cambiará de piel.

La Banda de Gaita de Boto Aragonesa, con cuarenta músicos, recorrerá las calles estrechas del pueblo. Cuarenta personas tocando a la vez no es solo un concierto: es un latido colectivo. La gaita, las voces, el paso lento entre casas de piedra, el sonido rebotando en las fachadas, colándose por las ventanas, despertando algo antiguo y profundo, no será ruido: será alma.

Durante unas horas, Urriés volverá a ser ese lugar donde el disfraz no escondía, sino que revelaba y transgredía; donde la música unía; donde la calle era escenario y refugio. Un carnaval que no busca ser espectáculo, sino encuentro entre generaciones, entre pueblos. Entre lo que fuimos, lo que somos y lo que aún podemos ser.

Porque mientras haya quien se ponga una máscara con ilusión, quien toque una gaita con emoción y quien salga a la calle con ganas de compartir, el carnaval seguirá vivo.

Y con él, Urriés, Los Pintanos y tantos pueblos que no quieren perder su identidad y siguen generando arraigo.