El carnaval vuelve a latir

Hay fiestas que no se inventan, se recuerdan.

El carnaval tradicional de Urriés no nace de un calendario, sino de la memoria. De aquello que durante décadas quedó en silencio, pero nunca del todo olvidado. Volver a sacarlo a la calle es un acto de cariño, de valentía y de identidad compartida. Es decirle al pueblo y a quienes vendrán después, que aquí hubo vida, risa, transgresión y sobre todo comunidad.

Este año, el carnaval se hace todavía más grande porque no camina solo. Los Pintanos llegan como pueblo invitado, con su propio proceso de recuperación, con el mismo empeño por rescatar tradiciones que estuvieron a punto de desaparecer. Dos pueblos pequeños, dos historias paralelas, encontrándose no para exhibirse, sino para reconocerse. Porque recuperar una tradición no es mirar al pasado con nostalgia, es traerlo al presente para que vuelva a tener sentido.

Y cuando empiece a sonar la música, Urriés cambiará de piel.

La Banda de Gaita de Boto Aragonesa, con cuarenta músicos, recorrerá las calles estrechas del pueblo. Cuarenta personas tocando a la vez no es solo un concierto: es un latido colectivo. La gaita, las voces, el paso lento entre casas de piedra, el sonido rebotando en las fachadas, colándose por las ventanas, despertando algo antiguo y profundo, no será ruido: será alma.

Durante unas horas, Urriés volverá a ser ese lugar donde el disfraz no escondía, sino que revelaba y transgredía; donde la música unía; donde la calle era escenario y refugio. Un carnaval que no busca ser espectáculo, sino encuentro entre generaciones, entre pueblos. Entre lo que fuimos, lo que somos y lo que aún podemos ser.

Porque mientras haya quien se ponga una máscara con ilusión, quien toque una gaita con emoción y quien salga a la calle con ganas de compartir, el carnaval seguirá vivo.

Y con él, Urriés, Los Pintanos y tantos pueblos que no quieren perder su identidad y siguen generando arraigo.